La historia de Nike surge de un encuentro que explica el posterior desarrollo de la marca. Un acercamiento entre dos hombres, Phil Knight y Bill Bowerman, que parecía destinado a hacer del primero un atleta de élite y en el fallido intento creó la marca deportiva más influyente.
Blue Ribbon Sports, el antecesor de Nike
Bill Bowerman era entrenador de atletismo en la Universidad de Oregón, un lugar con una gran tradición atlética. Bowerman había jugado al fútbol americano pero su verdadero impacto llegó como entrenador, primero con atletas olímpicos y más tarde popularizando el entonces llamado jogging. Porque Bowerman no solo quería entrenar a la élite, entendía que el deporte debía ser accesible para todos. Después de varias décadas entrenando olímpicos, Bowerman descubrió que en Nueva Zelanda, otro histórico del atletismo, Arthur Lydiard, estaba llevando sus enseñanzas a un nuevo lugar, a un público masivo que nunca antes había practicado deporte. Bowerman fue el primero en beneficiarse de aquellos entrenamientos y pronto trató de llevarlos a Estados Unidos. Su libro Jogging es considerado como la piedra fundacional de la popularización de la carrera a pie. Bowerman creó grupos de entrenamiento de corredores de toda edad y condición, lo importante era salir y moverse. Aquellos entrenamientos eran dirigidos por algunos de los atletas de Bowerman.

Bowerman era, además, un entrenador que trataba de conseguir cualquier mejora posible, creó su propia bebida isotónica, rediseñó los uniformes para que pesaran menos y por supuesto, diseñaba zapatillas para sus atletas. La mayoría, hechas a mano en su propio taller, con ideas que en ocasiones eran brillantes, aunque también obtuvo sonoros fracasos. Siempre con sus atletas como bancos de prueba.
Uno de aquellos atletas fue Phil Knight, un deportista correcto, sin grandes números, que después de haberse licenciado en periodismo estaba avanzando sus estudios empresariales en Stanford. Entre sus asignaturas, debía crear una empresa y Knight optó por hacer algo que conocía: zapatillas de deporte.

Por entonces, las zapatillas adidas eran las más populares entre los atletas, pero la importación desde Alemania las convertía en artículos con precios prohibitivos. Knight tenía un ejemplo cercano al que imitar, las cámaras de fotos alemanas, que hasta unos años antes eran consideradas las mejores, se habían visto relevadas por las japonesas, con menos historia, pero muy bien fabricadas y a buen precio. Algo parecido estaba ocurriendo con los relojes, que ya no eran suizos sino japoneses. ¿Podría conseguirse algo así en las zapatillas deportivas?
Blue Ribbon Sports, inicios en la importación
Knight, que por entonces se ganaba la vida dando clases, preguntó a su antiguo entrenador, Bill Bowerman, el tipo que más sabía de zapatillas. Y lo que en principio iba a ser un trabajo para una asignatura, se convirtió en una empresa real. O algo parecido.
Knight aprovechó un viaje a Japón para presentarse ante distintos fabricantes como importador de zapatillas, aunque aquello no era más que una idea. Incluso el nombre de la empresa fue improvisado, Blue Ribbon Sports. El fabricante que más impresionó a Knight fue Onitsuka Tiger y así comenzó su relación.
Knight y Bowerman sellaron oficialmente su acuerdo con un apretón de mano, 1000 dólares y el nombre Blue Ribbon Sports. Unos datos que se mantienen en un detalle curioso de muchas zapatillas: el material más duradero de Nike, el que coloca en las zonas de más fricción, se llama BRS1000 como referencia a aquella alianza, que debía ser igualmente duradera.
En un principio, Blue Ribbon Sports funcionaba como un mero importador, compraba Onitsukas en Japón y las vendía en Estados Unidos, primero gracias a Bowerman, que las recomendaba a sus atletas, y más tarde con Knight, que las vendía directamente desde el maletero de su furgoneta.

Pero muy pronto Bowerman comenzó a plantear posibles mejoras. Las necesidades de los deportistas americanos no eran las mismas que las necesidades de los japoneses. Quizás se podrían mejorar añadiendo tal cosa o eliminando está pieza.
El jogging, aquella disciplina que Bowerman había traído de Nueva Zelanda, implicaba también nuevas ideas. A diferencia de los atletas que hasta entonces eran los únicos usuarios de zapatillas, los grupos de joggers necesitaban mucha amortiguación. Bowerman, a instancias de sus corredores, planteó la posibilidad de incluir una cuña de espuma en las zapatillas Onitsuka, que se convirtieron en un éxito por su comodidad.
Poco a poco, Bowerman, como conocedor directo de las necesidades de sus usuarios, proponía cambios y rediseños específicos que funcionaban comercialmente. Blue Ribbon Sports era una pequeña distribuidora al noroeste, especializada en corredores, pero su modo de trabajar era mucho más creativo que otras importadoras de Onitsuka.
Entrados ya los años setenta, Bowerman y Knight descubrieron que lo que empezó como un pequeño negocio, ocupaba ahora todas las fases, eran ellos los que diseñaban, anunciaban y vendían el producto. La única pata que les faltaba era producir su propio producto, aunque dada la relación directa que ya tenían con algunas fábricas, les parecía algo sencillo de conseguir.
A la vez que Blue Ribbon Sports buscaba crecer, en Onitsuka tenían ciertas reticencias sobre el comportamiento de Bowerman y Knight en otros mercados. El resultado fue una separación no demasiado amistosa, que terminó en los tribunales.
De BRS a Nike
Blue Ribbon Sports quería producir un modelo propio, aunque una zapatilla de running competía directamente con Onitsuka, algo estrictamente prohibido por el contrato que les unía. Bill Bowerman recuperó su primer amor, el fútbol americano, y creó una bota multifuncional que servía igualmente para el fútbol “europeo”. Aquella primera bota se llamó THE NIKE, un nombre que llegó en el último momento.
Cuando Knight y Bowerman decidieron crear su propia marca no tenían ninguna idea clara para el nombre. Entre las propuestas de Knight estaban Falcon y Dimension Six, pero ninguna terminaba de convencerles. El nombre Nike fue una idea de Jeff Johnson, el que había sido el primer trabajador contratado por Blue Ribbon Sports. Fue en un sueño cuando se le apareció la diosa griega de la victoria, Niké, una referencia perfecta para una marca deportiva que buscaba la excelencia.

Tampoco estaban muy convencidos del logotipo. Para el diseño de sus catálogos, en BRS habían contratado a una estudiante de arte, Carolyn Davidson, a la que encargaron una extraña mezcla de velocidad y soporte, dos términos opuestos que difícilmente pueden darse a la vez. Necesitaban que el logotipo tuviera una función en la zapatilla (como las tres bandas de adidas) pero también querían algo que comunicara rapidez. Entre uno y otro, Carolyn Davidson apostó por la velocidad. El nombre del logotipo, Swoosh, llegó después como referencia al Swoosh Fiber, un material utilizado por Bowerman en una zapatilla anterior, la Onitsuka Marathon.
Nike había nacido en un contexto muy concreto, en las pistas de atletismo de la universidad de Oregón, pero pronto trató de llegar a otros deportes. En el tenis, lo hicieron en 1973 con Ilie Nastase, un jugador rumano que pasó brevemente por la marca pero que dejó la impronta de lo que debía ser su deportista Nike, mediático, rebelde y ganador. El ejemplo lo tenían en su propia casa, Steve Prefontaine, un corredor apadrinado por Bill Bowerman que llegó a poseer todos los récords de Estados Unidos entre 1500 y 10000m.
La imagen de rebelde siguió en el tenis durante los ochenta y noventa con John McEnroe y Andre Agassi.

Las primeras zapatillas de baloncesto Nike se llamaron Blazer (por el equipo de Portland) y Bruin (por el equipo de UCLA). Muy pronto trataron de introducirse en el baloncesto profesional y lo hicieron gracias a estrellas como Spencer Haywood y George Gervin.
En el running, su deporte favorito, Nike impactó primero con la Nike Cortez, a partir de modelos creados junto a Onitsuka y desarrolló nuevas tecnologías a partir de elementos tan curiosos como una máquina de gofres, que inspiró una de las suelas más imitadas de la historia. Se usó en la primera Moon Shoe y a partir de ahí en Waffle Racer, LDV, LD-1000…
Nike entre 1977 y 1984, el nacimiento de Air
Entre 1977 y 1984, Nike vivió una serie de innovaciones que sentaron las bases para convertirse en uno de los gigantes más importantes en la industria del calzado deportivo. Esta etapa, marcada por avances tecnológicos y la consolidación de su imagen como marca de alto rendimiento, incluyó el lanzamiento de productos revolucionarios como la primera zapatilla con cámara de aire y la Air Force 1, que cambiaría para siempre el mundo del baloncesto y la moda urbana.
En 1977, Nike ya estaba posicionándose como un competidor serio en el mundo del calzado deportivo, apoyado sobre todo en el running, pero su verdadero cambio de juego llegaría con el desarrollo de la cámara de aire, una innovación creada por el ingeniero aeronáutico Frank Rudy. La idea surgió cuando Rudy, que trabajaba en una empresa de componentes aeronáuticos, comenzó a experimentar con las propiedades del aire como material de amortiguación. En un principio, su propuesta fue rechazada por varias marcas, pero Nike, siempre dispuesta a apostar por la innovación, vio el potencial de esta idea. El concepto era sencillo, el aire pesa menos que la espuma y mantiene su forma durante más tiempo.

La primera zapatilla que incorporó la cámara de aire fue la Nike Tailwind, lanzada en 1978. Este modelo para corredores introdujo un sistema de amortiguación revolucionario que ofrecía mayor confort y protección, reduciendo el impacto en las piernas de los atletas durante sus entrenamientos. A pesar de un extraño debut en el maratón de Hawai, la Tailwind no solo fue un éxito en términos de rendimiento, sino que también permitió a Nike diferenciarse de sus competidores al adoptar una tecnología que hasta entonces era desconocida en el calzado deportivo.
El impacto de la Nike Tailwind significó mucho para la marca. La tecnología Air representaba el compromiso de Nike con la innovación constante y su visión de llevar los límites del rendimiento humano a nuevas alturas. Sin embargo, no fue solo en el atletismo donde la tecnología Air encontraría su lugar. En 1982, Nike decidió llevarla a nuevas fronteras y presentó la Nike Air Force 1, la primera zapatilla de baloncesto en incorporar la cámara de aire.

La Air Force 1 fue un hito en muchos sentidos. Creada por el diseñador Bruce Kilgore, la zapatilla combinaba la amortiguación avanzada de la cámara de aire con un diseño inspirado en las zapatillas de treking. La unidad AIR obligaba a que la mediasuela fuer más voluminosa, por lo que Kilgore buscó un diseño que permitiera añadir estabilidad a la zapatilla. Aunque fue inicialmente lanzada como una zapatilla exclusiva para baloncesto, su popularidad rápidamente trascendió las canchas, convirtiéndose en un referente dentro de la moda urbana.
La Air Force 1, con su silueta robusta y su distintiva suela de goma, fue un éxito tanto dentro como fuera del campo de juego. De hecho, fue una de las primeras zapatillas que dejó de ser considerada un artículo exclusivo para deportistas, convirtiéndose en un icono cultural. A lo largo de los años, la Air Force 1 se ha mantenido relevante, siendo reinterpretada en infinidad de colaboraciones y versiones especiales, tanto en el mundo del deporte como en el de la moda.
Entre 1977 y 1984, Nike logró consolidarse como una marca pionera, impulsada por la innovación y el deseo de ofrecer productos que mejoraran el rendimiento deportivo. La integración de la cámara de aire en modelos como la Nike Tailwind y la Air Force 1 no solo mejoró la comodidad y el rendimiento, sino que también estableció a Nike como líder en tecnología aplicada al calzado deportivo, sentando las bases para futuras innovaciones que continuarían marcando la historia del deporte y la moda.
Nike en 1984, la caída tras “I Love L.A.”
En 1984 Nike se encontraba en una posición delicada. Durante la última década había crecido exponencialmente, pero ese crecimiento había provocado una disolución de la imagen de la marca, que había ocupado territorios ajenos a su origen. Los Angeles 84 y su grandiosa campaña “I Love L.A.” representaba una parte de Nike, con John McEnroe, jugadores de Lakers, Dodgers y Raiders (que no participaban en los Juegos), Salazar, Mary Decker y Carl Lewis. Nike no había llegado a ningún acuerdo de patrocinio con el Comité Olímpico, pero sus impactantes anuncios consiguieron que todo el mundo pensara en ellos como “la marca de L.A.84”.

Sin embargo, en los canales de venta habituales la personalidad de Nike se había diluido, con licencias para fabricar cualquier producto posible. En un deporte que controlaban, como el baloncesto, el crecimiento les había llevado a apropiarse de gran parte de los jugadores NBA y comenzar una carrera de patrocinios sin sentido. Las ventas, por primera vez en una década, se frenaban.
Después de Los Angeles 84, Nike debía preguntarse cuál debía ser el siguiente paso. Y la respuesta estaba allí mismo, en Los Angeles, donde un jugador de North Carolina dio el paso a estrella.
Michael Jordan, la revolución de Nike
Durante los Juegos de Los Angeles, Michael Jordan promedió 17 puntos por partido, una cifra interesante, pero lo verdaderamente interesante era su estilo de juego, que atraía todas las miradas. Durante su etapa en North Carolina Jordan usaba habitualmente Converse, que eran parte del uniforme de la universidad, aunque él prefería adidas. En 1984 adidas se encontraba en un extraño momento, su fundador Adi Dassler había muerto en 1978 y durante los ochenta sus hijos estaban inmersos en una batalla por recuperar su distribución en Estados Unidos.
Para Jordan, adidas era la primera opción. Nike debía ofrecerle algo distinto para conseguir su firma. Y lo que le ofreció fue algo nunca visto en el baloncesto.

La historia está relacionada con su agente, David Falk, que por entonces trabajaba para ProServ, la mayor agencia de representación de deportistas. El fundador de la empresa era Donald Dell, un antiguo tenista de alto nivel que llegó a representar a Estados Unidos en la Copa Davis. Dell era abogado y en los años sesenta comenzó a ayudar con los contratos de algunos de sus compañeros en el tenis como Stan Smith o Arthur Ashe. Aquellas colaboraciones espontáneas terminaron convirtiéndose en la mayor agencia de representación, que llegó a tener 16 oficinas en todo el mundo y representados en multitud de deportes, aunque debido a sus orígenes siempre hubo un nexo con el tenis.
Lo que Nike propuso a David Falk y Michael Jordan era algo similar a lo que ProServ había desarrollado para algunos tenistas, no se trataba solo de usar el nombre de un jugador para una zapatilla, querían crear una línea completa. En tenis lo habíamos visto en otras ocasiones, pero los tenistas pueden elegir su ropa y al tratarse de un juego individual, tienen más visibilidad durante el partido. Lo que ofrecía

La historia de las “signatures”, las zapatillas con el nombre de un jugador, no eran algo nuevo. Bob Cousy, Walt Frazier o Kareem Abdul-Jabbar ya tenían zapatillas con su nombre, pero en ningún caso se habían creado alrededor de ellas una imagen global. Eso es lo que ofrecía Nike a Jordan. Y Michael aceptó.
El lanzamiento de la primera Air Jordan y la campaña generada alrededor, con la prohibición de los colores rojo y negro en las canchas NBA, provocó un giro inesperado en Nike. La idea de crear algo completamente nuevo se convirtió en la base sobre la que Nike desarrolló su historia.
De 1985 a 1991, la revolución
Apoyado en el éxito de Jordan, Nike estableció un proceso similar en sus diseños posteriores. Lo hizo con la propia línea Jordan cuando en 1987 giró por completo: en lugar de lanzar una zapatilla similar a la Jordan 1, diseñó una zapatilla revolucionaria desde el mismo concepto, creada en Italia, sin logotipos visibles y considerablemente más cara que la anterior. La misma idea de revolución tras revolución siguió en cada una de las nuevas Jordan.
Las ideas de Nike le llevaron a crear una nueva categoría de calzado llamado Trainer, un modelo multifuncional creado para realizar cualquier tipo de deporte. En 1987 Nike puso a la venta la Trainer junto al deportista perfecto, Bo Jackson. La zapatilla, diseñada para el deportista total que disfruta con distintas disciplinas y no quiere cambiar de calzado, tuvo un inesperado éxito en el tenis, donde fue la elegida por jugadores del más alto nivel como John McEnroe, Andre Agassi o Matts Wilander.

En cuanto a tecnología, la segunda parte de la década de los ochenta supuso la aparición de Air Max, una evolución del concepto Air creado a finales de los setenta. Desde su creación, el objetivo era que la unidad Air fuera lo más grande posible para eliminar más cantidad de espuma. En 1987 las unidades Air eran tan grandes que el único modo de crecer era hacerla visible a los lados. Comercialmente era una idea peligrosa, porque mostraba directamente el sistema de amortiguación. En las oficinas de Nike, muchos se preguntaban ¿usarías unos neumáticos transparentes? Sin embargo, las nuevas mediasuelas tenían una ventaja, por primera vez permitían poner a la vista de todos el desarrollo tecnológico de Nike.

Nike no solo creó nuevos productos, también creó una nueva forma de anunciarlos. Revolution fue la presentación del “Air Pack”, una colección en la que se incluían Air Trainer, Air Safari, Air Max 1 y otros modelos con air visible como Air Revolution o Air Ace. La campaña, con videos en las que se mezclaban deportistas anónimos y estrellas como McEnroe o Jordan, utilizaba por primera vez una canción de The Beatles, Revolution. El escándalo generado por el uso de una canción de The Beatles aumentó la visibilidad de la campaña.
En 1988, otra campaña publicitaria de Nike creó una idea que cristalizó como verdadero lema de la marca, Just Do It. En principio se creó para una única temporada e incluía anuncios protagonizados por una pandilla de chavales, un corredor octogenario o un perro que debía seguir el ritmo de su dueña. Todos terminaban con una frase que invitaba a la acción, Just Do It.
La batalla entre Nike y Reebok por convertirse en la marca número 1 provocó una apuesta por la innovación en la que destacaron algunas creaciones de Nike; la saga Court Challenge para Andre Agassi jugó con el color como nunca antes se había hecho en el tenis, la creación de Nike ACG como una línea relacionada con el outdoor, la evolución de las Air Max (Air Max Light, Air Max 90) o la aparición de Huarache, una innovador concepto de ajuste que apareció en modelos de running, tenis, training, fútbol o baloncesto.
Internacionalización de Nike, 1992 a 1999.
En 1991 el lanzamiento de la Nike Air 180 no era solo una propuesta tecnológica. Por primera vez, Nike coordinaba a todos sus equipos para un lanzamiento mundial de una campaña. Una idea que se vió replicada un año más tarde, durante los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Era el inicio de una nueva etapa para Nike, en la que se aposentó como número uno mundial.

La selección de baloncesto estadounidense, el verdadero ejemplo de globalización del deporte, contó hasta seis jugadores Nike liderados por Michael Jordan, que estaba inmerso en su primer threepeat.
La saga Air Max, que había crecido con Air Max II (Air Max Light), Air Max III (Air Max 90), Air Max BW, Air Max ST, Air Max 93, Air Max 2 o Air Max Light2, siempre diseñadas por Tinerk Hatfield y al menos un nexo de unión con el deporte. La Air Max 95 creada por Sergio Lozano cambió para siempre la relevancia cultural de la franquicia Air Max, que se marcó para siempre en la Air Max Plus (TN).
Los Juegos de Atlanta en 1996 fueron la presentación en sociedad de una nueva tecnología, Air Zoom que había debutado un año antes. Air Zoom Spiridon, Air Zoom Flight o Air Zoom Challenge mostraban una nueva amortiguación, más reactiva y cercana al suelo, en una gran campaña que destacaba por su oposición frontal a la imagen amistosa de los Juegos Olímpicos.

De 2000 a 2006, la expansión en la cultura
Durante la primera década del milenio, Nike pasó a dominar, no solo el deporte sino la industria relacionada con el deporte. Comenzó con un par de diseños revolucionarios, Air Presto y Shox.

Fue también el momento de la primera Total 90, una impactante bota de fútbol que fue la base para T90 II(2002) y III (2004).
Dos de sus grandes lanzamientos de la década estaban relacionados con la tecnología y los wearables, Nike+ junto Apple en 2006, una exitosa colaboración que sentó las bases para el registro de datos en carrera, y FuelBand+, una pulsera que medía tu actividad diaria.
Pero sobre todo, Nike creció en nuevos ámbitos, Nike SB, su línea de skate, fue el ejemplo de relación con la cultura, la música y el arte a partir de ediciones limitadas. El éxito de Nike SB fue el germen de la llamada cultura sneaker.

2006 a la actualidad
Mark Parker había llegado a Nike en 1979 y había trabajado en los equipos de diseño de zapatillas como la Nike Internationalist, junto al mítico Tinker Hatfield. En 2006 aceptó el cargo de CEO de Nike y consiguió implementar su visión de la empresa relacionada con el diseño, la cultura y la innovación. Nike Flyknit, LunarFoam o React han surgido como avances tecnológicos, mientras que colaboraciones con nombres de la cultura como Travis Scott, Drake o Kendrick Lamar y la moda como Virgil Abloh o Dior han llevado a Nike a nuevos territorios.

Respecto al diseño, Nike consiguió estandarizar su imagen gracias a la Roshe Run mientras que elevó su rendimiento con las Vaporfly 4%, las zapatillas creadas para el intento de romper la barrera de las dos hora en maratón (Breaking2). A partir de aquellas primeras Vaporfly 4% y la zapatillas desarrolladas más tarde (Vaporfly Next, Alphafly…) Nike ha revolucionado por completo el diseño del calzado, así como las marcas de las principales carreras del mundo.
La despedida de Mark Parker y el relevo de John Donahoe abrió nuevos caminos, en los que se priorizó las ventas directas al consumidor y las plataformas digitales. Elliot Hill, otro histórico de Nike, es el nuevo CEO, que promete revitalizar la marca, centrándose en la innovación de productos y reconstruyendo relaciones clave con atletas.