¿Qué conecta a un trabajador de private equity, A$AP Rocky, los jóvenes japoneses aficionados a pasear y comprar en Harajuku y la nueva generación de fashion kids de Instagram? La respuesta: la ropa técnica. Llamémosle outdoorism, o bajo el término de “reciente” cuño-gorpcore. La realidad es que el fenómeno de vestir con prendas de actividades exteriores nos lleva, irremediablemente, a un país: Japón. Analizamos aquí la línea que conecta todos estos puntos.
De la Guerra a los Juegos
En primer lugar, para entender el contexto por el cual en Japón la ropa técnica es quintaesencial y, a la vez, es la punta de lanza que influye en esta corriente a nivel mundial, es necesario también conocer el desarrollo histórico y socioeconómico del país nihon en el siglo XX. Tras la Segunda Guerra Mundial, Japón se ve inmerso en un proceso de recuperación económica, y cierto aperturismo al mundo, marcado también por la presencia de tropas norteamericanas dentro de sus fronteras. Al igual que sucede con la industria juguetera o la electrónica, la moda japonesa va absorbiendo elementos de la cultura yankee, como el denim o el estilo tradicional-americano. Estos se engullen con fruición y asimilan al estilo japonés para ser regurgitados de forma totalmente nueva y arrollando al resto del mundo, en forma de corrientes como la Japanese Americana (donde nombres como Kensuke Ishizu, fundador de VAN Clothing, serían capitales).
Take Ivy y Whole Earth Catalogue
Los 1960 son años de cambio, transformación e intercambio cultural. En dos direcciones. De la misma forma en que los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964 o la gira internacional que llevó a The Beatles a Japón en 1966, Japón también comenzó a salir al exterior. Así, durante un viaje a Estados Unidos en 1969 para documentar las corrientes culturales jóvenes, Yasuhiko Kobayashi y el editor Jirō Ishikawa encontraron en Nueva York una copia del ‘Whole Earth Catalogue’. A medio camino entre el fanzine y el manifiesto filosófico, esta publicación era una especie de memorándum contracultural. Creado por Stewart Brand y publicado durante cuatro años (entre 1968 y 1972) este catálogo incluía reseñas de libros, información sobre corrientes de pensamiento, detalles de productos… Todo ello destinado a dar las claves y los planos, en ocasiones literalmente, para vivir un estilo de vida alternativo. Su impacto sería capital, influyendo corrientes tanto de diseño como de desarrollo de producto. Y también estilístico, ya que este encuentro inspirará a Kobayashi e Ishikawa a realizar una adaptación japonesa, de nombre ‘Made in USA’ y lanzada en 1975, mucho más mundana y centrada en el producto, especialmente textil, estadounidense. El equipo encargado de esta iniciativa sería también el que fundaría la revista de moda masculina Popeye, y eso llevaría a que el estilo catálogo-bazar fuera predominante en las publicaciones de moda japonesas.

Todos estos elementos hicieron que las corrientes fashionistas en Japón fuesen evolucionando desde una posición cercana a la marcada por la estética Ivy League (en el que lo preppy era cuasi omnipresente) hasta el Heavy Duty (donde la ropa técnica y de trabajo gozaba de mayor peso). Esto es algo también lógico entendiendo por una parte que el desarrollo social tras la guerra dio lugar a una expansión de las clases medias que comenzaban a contar con más recursos y tiempo libre disponible para dedicar al ocio y a las actividades de exterior, como puede ser el montañismo o la acampada. Algo a lo que hay que sumar el clima del país (muy frío en invierno, muy caluroso y húmedo en verano), lo que condicionaría el diseño de ropa.
El nacimiento de una industria
Causa o consecuencia, no se puede entender el imparable crecimiento del outdoorismo en Japón sin mencionar las diferentes marcas que surgiendo al albor de las necesidades técnicas, y que fueron y han ido modelando la moda japonesa. Hoy en día son también referentes: Snow Peak, fundada en 1958 por Yukio Yamai como respuesta ante la imposibilidad de encontrar ropa de escalada adecuada a sus necesidades; Nanga, fundada en 1941 especializada en objetos que llevan relleno, como sacos de dormir o chaquetas de escalada; Montbell, que fue iniciada en 1975 por Isamu Tatsuno y también se hizo icónica por estos elementos; o Goldwin, que surge en la década de los 50 a partir de una fábrica de tejidos de punto y que arranca como marca propia en el 58 ofreciendo productos muy ligados al mundo del esquí. Ejemplos que sirven para entender de qué manera Japón es un país que ha cuidado de la misma manera diseño y funcionalidad.

Una suerte de círculo virtuoso nos lleva hasta la mitad de los 70, y especialmente los 80 y 90, cuando comienzan a aparecer una generación de diseñadores japoneses que explotan en dos direcciones. En primer lugar, marcando el estado del arte de la moda a nivel global (aquí podríamos citar nombres desde Issey Miyake, Rei Kawakubo, Yohji Yamamoto o Junya Watanabe). En segundo lugar, la vibrante escena creada alrededor de Ura-Harajuku, muy ligada al hip-hop (a la que podemos atribuir nombres como Hiroshi Fujiwara, Jun Takahashi o Nigo). Un melting pot simbólico y simbiótico en el que se correlacionan las calles de Nueva York con la ropa técnica, con marcas como The North Face, Helly Hansen o Patagonia, con músicos de rap -como ya repasamos en nuestro artículo dedicado al Goretex-, pasarelas y el cruce de Shibuya en Tokio. Un fenómeno que bebe de todas las subculturas tokiotas previas (nacidas al calor del rock, el punk o el jazz) o la propia idiosincrasia japonesa, muy dada a abrazar toda aquella corriente sobre la que echa el ojo, así como la cultura del coleccionismo.

En la década de los 2010 la explosión durante los años previos del normcore nos llevó irremediablemente a lo que en 2017 fue bautizado por Jason Chen como gorpcore, la que posiblemente ha sido y es la corriente de moda más influyente por su impacto a todos los niveles y su pervivencia en el tiempo durante más de un lustro, hasta el momento. Un hito al que podemos explicar desde múltiples ópticas: el papel jugado por nombres como A$AP Rocky y Virgil Abloh; la continúa inspiración del hip-hop o de otros territorios como el fútbol y la terrace wear; la labor de firmas como Supreme y su estrategia de colaboraciones; el trabajo de marcas de outwear como las ya mencionadas u otras -tanto japonesas como de otros países- como Battenwear, White Mountaineering, nanamica, The North Face Purple Label, Salomon, Gramicci, ROA… Independientemente de las razones, nos cuesta imaginarnos un escenario en el que esta moda pierda la influencia masiva que tiene hoy en día. Así que abróchate el Arc’teryx.
