Salvo para los muy apasionados o los que vivan de ello, el grueso de comunes mortales es ajeno a las materias primas y métodos de fabricación de sus prendas favoritas. A nadie le importa demasiado si ese pantalón vaquero es selvedge o si esa camisa es de algodón egipcio. Con una, quizás, salvedad: el Gore-Tex.
Esta tecnología, descubierta por puro azar y que ha clavado su bandera en el Ártico o en el espacio; que ha pasado de ser una mera membrana que garantiza la impermeabilidad y ofrece transpirabilidad a ser una marca por pleno derecho. Pero, ¿qué tiene el Gore-Tex para que sea objeto de deseo de escritores de graffiti y diseñadores para sus pasarelas? Veámoslo.
Del sótano al espacio: el nacimiento del Gore-Tex
La historia del Gore-Tex es de sobra conocida. Bob Gore extendió -nunca mejor dicho- desde el sótano de su casa, las bondades del politetrafluoroetileno (PTFE), al descubrir que calentando y estirando este material rápidamente este se expandía hasta diez veces sobre su tamaño original. Esto dio lugar al descubrimiento del politetrafluoroetileno expandido (ePTFE), que acabaría terminando en lo que hoy conocemos como Gore-Tex. La clave de esta novedad se basaba en la transpirabilidad otorgada, ya que el tamaño de los poros del ePTFE era menor que el de una molécula de agua (por lo que dejaba pasar el vapor de agua, pero no permitía la entrada de agua desde el exterior).

El Gore-Tex, tal y como lo conocemos hoy en día, pasó por varias iteraciones y procesos de desarrollo a lo largo de las décadas. Por ejemplo, en sucesivas versiones, se dio solución a uno de los principales problemas iniciales: cuando la suciedad o productos jabonosos se insertaban en los poros del politetrafluoroetileno. A lo largo de las décadas de los 70 y 80, el uso del Gore-Tex pasaría a la industria textil (especialmente en chaquetas, inicialmente, y footwear a continuación) desarrollando también su gama de soluciones técnicas y dando lugar a la aparición de nuevas iteraciones tecnológicas. Del mismo modo, su uso se ampliaría a industrias como la aeroespacial o la médica.

Japón y Nueva York: outdoor, graffiti y rap
Seguramente hay dos puntos geográficos que son imprescindibles para entender el desarrollo del Gore-Tex. El primero es Japón y la influencia que el país nihon ha tenido tanto en lo relativo a la moda como en lo relacionado con el outdoor y la importancia de lo técnico. Hay que retroceder hasta las décadas de los 60 y los 70, cuando el ilustrador Yasuhiko Kobayashi y el editor Jirō Ishikawa viajan a Estados Unidos y descubren el Whole Earth Catalogue, un fanzine contracultural que (además de servir como precursor de ciertas corrientes como el new age) sirvió para que el estilo catálogo fuese el predominante en las revistas japonesas y para imbuir en estos autores nuevas corrientes ligadas a la vida en el exterior, deportes técnicos o la moda workwear. Actualmente, el componente técnico es quintaeséncico para entender la moda japonesa, con publicaciones como Go Out magazine marcando el punto.

El otro enclave geográfico nos traslada a Nueva York. La ciudad de nacimiento del rap, el hip-hop y cuna del graffiti. Con el Gore-Tex (en realidad, con las marcas de outdoor en general) sucedió algo similar al desarrollo de la corriente Lo-life. Nueva York es una ciudad inhóspita: por sus dimensiones, por su clima extremo aun tratándose de una gran urbe (especialmente fría en invierno y con tendencia a nevar o llover) y por el estilo de vida predominante en la urbe. Los escritores de graffiti (y lo mismo podríamos decir de otros role models presentes en el rap como los traficantes de droga), por la naturaleza de su actividad y el componente de su día a día, siempre han tenido querencia por las marcas técnicas y caras como The North Face y Arc’teryx. Funcionalmente, para vencer a los elementos en sus misiones (donde el Gore-Tex es de ayuda) y por la construcción de este tipo de prendas (por ejemplo, el Nuptse de The North Face sería ideal para esconder botes de pintura robados en su interior). Pero también espiritualmente. Porque llevar una prenda técnica de marcas como las citadas era una señal de estatus. Quien lucía Arc’teryx era porque lo había robado. Dentro de ese halo asociado a rockear determinadas enseñas, si la prenda contenía Gore-Tex significa que era más cara y, por tanto, un botín más codiciado.

El hip-hop y el rap, intrínsecamente ligados al graffiti, no han sido ajenos a este proceso. Los MCs, deseosos siempre de asumir tendencias y trasladar en sus letras el sentir de la calle, han ayudado a que el Gore-Tex fuese solidificando su presencia en el imaginario popular introduciendo el término en sus líricas y rimas. Son numerosos los casos que podríamos citar: Big L (“Me and O.C. be in the Lex’, Cartier specs, Nautica sweats, Gore-Tex, with Presidentials on, full of baguettes”), Nas (“Spinach and steak, GORE-TEX boot print still on his face. It’s still on his face when we visit his wake”), Action Bronson (“Just for that sizzle, Gore-Tex in case of drizzle”)… El outdoor y el hip-hop no han cesado su historia amor, ya sea Mobb Deep protagonizando una campaña para Helly Hansen, o simplemente mediante el boom en los 90 y posteriores de prendas como las chaquetas Steep Tech o el ya mencionado Nuptse de The North Face. En la actualidad, nombres destacados del rap underground neoyorquino como la crew RRR son ávidos coleccionistas de ropa técnica y Gore-Tex y fieles embajadores de este material.
Gorpcore y high fashion
Por supuesto, esto no es el único proceso causa efecto, sino que se trata de un intrínseco entramado de relaciones estéticas y conceptuales. La labor de marcas como Supreme llevando a cabo colaboraciones con todo tipo de marcas a lo largo de las dos últimas décadas (casi podríamos aquí trazar una línea recta hasta la reciente colaboración entre TNF y Gucci); la existencia de figuras como Kanye West o Pharrell han permitido, a lo largo de los años, que la barrera entre la alta costura, marcas de cierto estatus y la calle, así como la ya mencionada relación con Japón, se fuese diluyendo, en una suerte de influencia mutua.
La presencia de marcas como Marmot o la sempiterna Patagonia, ligado a otras corrientes estéticas como el imaginario Silicon Valley, ha ido reforzando este proceso en el que también la moda nórdica (donde la presencia de materiales como Gore-Tex es casi obligatoria) ha tenido su incidencia. Por supuesto es obligatorio citar aquí también el trabajo de Nike y su línea AGC, cuya influencia a nivel técnico y estético no ha cesado a lo largo de los años, con algunos lanzamientos recientes destacados como las Nike ACG Mountain Fly Low Gore-Tex SE (también en su colorway negras), o las Nike ACG Mountain Fly Gore-Tex, que se adscriben en los códigos de diseño actuales (y que también cuentan con esta combinación de colores bitono).




Nombres como Virgil Abloh son también imprescindibles para comprender el paradigma estético de los últimos años. Mediante su trabajo en PYREX y Off-White, sus colaboraciones con Nike o su labor creativa en Louis Vuitton, el de Chicago ha trasladado mediante su influencia universal las bondades de las prendas outdoor y el poder del Gore-Tex. El resultado final de todo este cóctel de nombres es el boom de la corriente conocida como gorpcore: un revival de la ropa técnica, altamente funcional y de exteriores, que inunda Instagram y casi todas las cabeceras del género.

Un desarrollo que ha permitido que, en la actualidad, Gore-Tex sea mucho más que una tecnología: es un elemento imprescindible para entender la unión entre funcionalidad, estética, deseo y moda.
En FOOTDISTRICT contamos con una amplía colección Gore-Tex, desde prendas hasta footwear. Aquí os dejamos una selección.





