De las pistas a las pasarelas, así se forja una de las siluetas más influyentes —y a la vez más ignoradas— del archivo de Nike. El regreso de la Nike Superfly reactiva su diseño y recupera también parte de sus historias.

Nike Super Fly, 1996
Los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996 fueron una verdadera explosión para Nike en las pistas de atletismo. Las zapatillas doradas de Michael Johnson, la Zoom Eldoret o la Zoom Jasari siguen grabadas en la memoria casi tres décadas después. Pero fue la Nike Zoom Superfly, diseñada para los 100 metros lisos, casi ignorada en un glorioso catálogo de Nike, la que trascendió su momento y dejó una huella más silenciosa pero duradera.
Su placa multidensidad y los diez clavos supusieron una revolución técnica camuflada bajo una capa de neón. Con ellas, Nike consolidaba una narrativa de velocidad que iría evolucionando con modelos como la Zoom Superfly II o incluso en otras disciplinas como el fútbol (bajo el nombre Superfly o Super Fly, según la época).




Nike Superfly, 2001
En 2001, la Superfly dio un salto inesperado: la velocidad llegaba a la calle. Un nuevo tipo de construcción con costuras externas eliminaba la necesidad de plantilla. Los paneles perforados homenajeaban a sus antecesoras de pista y ofrecían una estética completamente nueva. Minimalista, ajustada, radical. Fue Comme des Garçons quien entendió rápidamente su potencial, firmando una edición especial antes de que las colaboraciones fueran norma.
Veinticinco años después de su debut, la Nike Superfly mantiene su magnetismo visual. Nuevos materiales y códigos estéticos amplían su lenguaje, confirmando que la innovación también puede ser una cuestión de estilo.

