Creada para el fútbol, parecía que Soul Makossa se olvidaría rápidamente. Sin embargo, pasó por Michael Jackson, Rihanna, Public Enemy o Will Smith hasta convertirse en un himno.
En 1972, Camerún atravesaba un momento decisivo. Tras un referéndum, el país dejó de ser la República Federal de Camerún, formada por dos estados con cierta autonomía, el Camerún Oriental (francófono) y el Camerún Occidental (anglófono), para convertirse en un único estado: la República Unida de Camerún.
La Copa de África de fútbol, celebrada en Camerún unos meses antes de la unificación, se presentaba como una oportunidad simbólica para reforzar ese sentimiento de unidad nacional. El torneo era un escaparate continental y el contexto exigía algo más que fútbol. Aquel momento necesitaba una banda sonora.

Así nació Hymne de la Huitième Coupe d’Afrique des Nations 1972, un encargo que asumió el saxofonista Manu Dibango. El tema cumplió su función institucional, aunque la derrota de la selección camerunesa enfrió rápidamente el entusiasmo colectivo.

Aquella Copa de África de 1972 pasará a la historia por la victoria del Congo y por la presencia de figuras como Salif Keita Traoré (que más tarde jugaría en el Valencia) o François M’Pelé, quien durante su etapa en el PSG se convirtió en el máximo goleador histórico de la Copa de Francia, un récord que solo Kylian Mbappé logró superar en 2024. Pero, más allá de los resultados, el torneo dejó una huella inesperada en forma de música, y no por el himno oficial, sino por una canción añadida para completar el single.

A principios de los setenta, en Estados Unidos comenzaba a gestarse un interés creciente por la música africana. Herbie Hancock adoptaba el nombre Mwandishi, Hugh Masekela alcanzaba el disco de oro, Fela Kuti descubría Los Ángeles y Miriam Makeba se consolidaba como una figura popular en Estados Unidos con canciones como Pata Pata.
En ese contexto aparece David Mancuso. Lejos de cualquier discurso panafricanista, Mancuso había llegado a Nueva York sin recursos y aceptando todo tipo de trabajos. Vivía en un loft ubicado en una zona de oficinas que quedaba desierta por las tardes, y comenzó a organizar allí las llamadas rent parties: encuentros donde pinchaba música y los asistentes contribuían económicamente para pagar el alquiler.

En el Nueva York underground, aquel loft se convirtió en un espacio seguro para comunidades que carecían de lugares propios. Las fiestas de Mancuso eran exclusivas y solo accesibles mediante invitación. Aunque hoy se le considera uno de los primeros DJs, él rechazaba ese término y prefería definirse como “selector”. Creía que la música debía escucharse tal y como había sido concebida por sus creadores, sin manipulaciones ni artificios.

Fue en ese entorno donde Mancuso descubrió el single del Hymne de la Huitième Coupe d’Afrique des Nations 1972. Lo que realmente le llamó la atención no fue el himno, sino su cara B. Soul Makossa comenzó a sonar en sus fiestas, frecuentadas por artistas y músicos que más tarde definirían el sonido de las décadas siguientes.
Sin distribución oficial en Estados Unidos, Soul Makossa empezó a circular de manera orgánica y fue versionada por numerosas bandas. Cuando Atlantic Records adquirió los derechos, el tema se convirtió primero en un éxito local y, poco después, en un fenómeno internacional.

En los años ochenta, Quincy Jones recuperó el tema para Michael Jackson en Wanna Be Startin’ Somethin’. Un sample inicialmente no acreditado que abrió una cadena de reinterpretaciones posteriores, presentes en canciones de Kanye West (Lost in the World), Will Smith (Gettin’ Jiggy Wit It), A Tribe Called Quest (Rhythm – Devoted to the Art of Moving Butts), Fugees (Cowboys), Jennifer Lopez (Feelin’ So Good) o Beyoncé (Déjà Vu).

Desde un torneo de fútbol africano hasta el corazón de la cultura pop global, Soul Makossa no siguió un camino planificado. Simplemente encontró los lugares, las personas y los momentos adecuados para seguir avanzando. Como ocurre con las canciones que no pertenecen a una época concreta, sino a todas las que vienen después.