Cuando Michael Jordan descubrió que iba a trabajar con Bugs Bunny
David Falk, agente de Michael Jordan desde sus inicios, acostumbraba a no dar demasiada información sobre sus negociaciones, al menos hasta que estuvieran en un estado muy avanzado. Pero aquello era distinto, muy distinto a la mayoría de las campañas que solía crear para Jordan. Así que decidió contarle a Michael la posibilidad de hacer una película con Bugs Bunny.
A Jordan, trabajar con Bugs Bunny le parecía algo tan extraño que prefirió no creer a su agente. «Cuando estemos en el set de rodaje lo creeré».

No era la primera vez que se hablaba de una película, pero, con la mentalidad hipercompetitiva de Michael, solo tenía sentido si se trataba de algo suficientemente grande. Y la película junto a Warner Bros. cumplía todos los requisitos: estaba diseñada para convertirse en uno de los grandes fenómenos del momento, no solo por las innovaciones necesarias para llevar a personajes animados a la pantalla, sino también por todo el universo de merchandising que podía generar.
En 1995, Michael ya había participado en tantos rodajes publicitarios que podría decirse que tenía más horas frente a las cámaras que algunos actores. Sin embargo, no se sentía especialmente cómodo interpretando a otra persona. Por eso, una de las condiciones para dar el salto a la gran pantalla era sencilla: Michael Jordan debía interpretarse a sí mismo.
Del anuncio de Nike a la gran pantalla
Las apariciones de grandes estrellas del baloncesto en el cine habían sido hasta entonces puntuales y sorprendentes. Kareem Abdul-Jabbar había ejercido de piloto en Aterriza como puedas; Patrick Ewing había aparecido como el Ángel de la Muerte en El Exorcista III; y Marques Johnson había tenido una aparición casi anónima y parcialmente enmascarada en Los blancos no la saben meter.
Con Ganar de cualquier manera (Blue Chips), Shaquille O’Neal y Penny Hardaway parecían apuntar hacia algo diferente: un protagonismo que hasta entonces solo habíamos visto en la histórica The Fish That Saved Pittsburgh, protagonizada por Julius Erving y Meadowlark Lemon.
La propuesta de David Falk iba mucho más allá. Partía de algo que ya funcionaba: las campañas de Nike en las que Michael Jordan y Bugs Bunny habían compartido pantalla para promocionar las Air Jordan 7 y Air Jordan 8. La idea era llevar aquella fórmula a una película de larga duración.

Para hacerlo, Falk recurrió a Joe Pytka, un director que durante los años ochenta había construido una carrera entre videoclips de Michael Jackson y anuncios protagonizados por Madonna. Además, podía presumir de haber dirigido ya a Jordan y Bugs Bunny juntos en aquellos anuncios.
Para alguien sin formación como actor, el rodaje suponía un reto considerable. Buena parte de las escenas se grabarían frente a una pantalla verde para incorporar posteriormente a Bugs y al resto de personajes animados, incluidos sus enemigos.
Un rodaje en medio del regreso de Jordan
La película comenzó en un momento especialmente complicado. Durante la preproducción, Michael anunció su retirada del baloncesto y su intención de jugar profesionalmente al béisbol. Poco después, con parte del guion ya desarrollado, volvió a la NBA.
Las dificultades no estaban únicamente en el guion. Jordan había regresado a los Bulls, pero no todo salió como esperaba.
Uno de los primeros problemas fue el número. El 23 estaba retirado como homenaje a Jordan, así que tuvo que regresar con el 45. Lo que parecía destinado a ser un regreso glorioso terminó siendo uno de los escasos tropiezos de su carrera.
Aunque sus estadísticas seguían estando a la altura de sus mejores temporadas, los Bulls perdieron en semifinales frente a Orlando Magic después de que Michael perdiera un balón decisivo. Había recuperado su nivel, pero dos años fuera de la NBA habían cambiado las cosas.
Para rematar, Nick Anderson, el jugador que le robó aquel balón, pronunció una frase que acabaría alimentando la leyenda: el Michael con el 45 no era el mismo Michael que llevaba el 23.
Jordan se prometió volver al máximo nivel. Pero había un problema: ese verano se había comprometido a rodar Space Jam, así que su tiempo para entrenar iba a ser limitado.
El Jordan Dome: la pista que nació para una película
Jordan pidió a Warner Bros. que construyera una pista de entrenamiento junto al set de rodaje. Lo que probablemente no esperaba era encontrarse con una instalación prácticamente completa.
Había una pista de baloncesto, un gimnasio equipado por Tim Grover, el entrenador personal de Michael, que incluso creó un plan un entrenamiento diseñado específicamente para Bugs Bunny (que desconocemos si siguió).

Pero aquello era mucho más que un gimnasio. También había un putting green, un vestuario con duchas, una zona de descanso con pantallas gigantes y una mesa para organizar partidas de cartas. Todo estaba cubierto por una enorme carpa hinchable que rápidamente pasó a ser conocida como Jordan Dome.
Por allí pasaron algunos de los grandes jugadores del momento. Al principio, varios eran jugadores representados por Falk. Después aparecieron Magic Johnson, Reggie Miller, Scottie Pippen y Dennis Rodman, entre muchos otros.

Las reglas eran sencillas: partidos cinco contra cinco, a siete puntos y sin árbitros. Los encuentros comenzaban a las siete de la tarde, después de que Michael terminara su jornada de rodaje, y podían prolongarse hasta cerca de las diez.
El rodaje de Space Jam se convirtió así en una especie de campo de entrenamiento paralelo para el regreso de Jordan.
Y, por supuesto, las zapatillas
La retirada de Michael Jordan había dejado a las Air Jordan 9 en una situación extraña. Mientras él las utilizaba con una nueva suela, en su etapa de béisbol, la silueta comenzaba a encontrar una segunda vida en la NBA.
Algunos jugadores que quizá no se habrían atrevido a enfrentarse a Michael llevando sus zapatillas comenzaron a utilizarlas como una especie de homenaje. En su versión original o en ediciones personalizadas, las Air Jordan 9 aparecieron en los pies de Anfernee “Penny” Hardaway, Kendall Gill, Mitch Richmond, Latrell Sprewell, Harold Miner, B.J. Armstrong, Hubert Davis, Reggie Miller o Nick Anderson, precisamente aquel que terminaría afirmando que el 45 no era como el 23.

Durante el rodaje de Space Jam, Michael no utilizó las Air Jordan 10, el modelo desarrollado durante su retirada y que nunca pareció convencerle del todo, por mucho que Nike llegara a modificar su diseño eliminando la puntera. En la película, las Jordan 10 aparecen, de hecho, lejos de los pies de Michael, como una especie de trofeo entre copas.
En la película, Jordan lleva algunas zapatillas que quizá no esperaríamos encontrar en una producción de este calibre, como las Nike GTS Canvas o las Nike Air Max Triax. Y, por supuesto, aparecen las Air Jordan 9 durante los partidos de entrenamiento y las Air Jordan 11 en los momentos decisivos.
Las últimas son las que quedaron para siempre vinculadas a Space Jam, gracias a su combinación de colores creada para la película. Pero si volvemos a las sesiones de entrenamiento que ayudaron a cimentar el regreso de Jordan, la imagen es otra: Michael con las Air Jordan 9.
30 años después
El 30º aniversario de Space Jam es para Jordan un motivo de celebración. La marca recupera zapatillas asociadas a la película como la Jordan 9 «Space Jam» y otras que permiten volver a aquellas historias que ocurrieron alrededor del rodaje.
Es también una buena excusa para volver a ver la película. Y, quizá, para descubrirla por primera vez desde otra perspectiva: no solo como una película protagonizada por Michael Jordan y Bugs Bunny, sino como el resultado de un momento irrepetible en el que baloncesto, cine y publicidad empezaban a mezclarse de una forma completamente nueva.