El running se ha convertido en un estilo. No solo en un estilo de vida, como suele decirse de cualquier pasión que ocupa demasiado espacio en la vida de cualquiera. El running es un estilo que, aunque nace en la carrera, va mucho más allá: ha tomado las calles a través de prendas técnicas que se han alejado de su contexto original.
Pero este estilo, que ha introducido en las conversaciones a las Kayano o las Pegasus, va más allá de las zapatillas de running centradas en el rendimiento. Tiene que ver con la historia del atletismo y con los héroes del running que construyeron su propia imagen. Aquí repasamos algunos de ellos: quienes establecieron los patrones clásicos y quienes se encargaron de romperlos.
Grandes nombres del atletismo, ídolos a los que el mundo quería imitar. Y normalmente, de un deportista de élite es mucho más fácil imitar el estilo que el rendimiento.
Steve Prefontaine
Todo lo relacionado con la rebeldía en el running pasa, inevitablemente, por él. Un corredor que podría haber sido una estrella del rock. Polémico, salvaje y con una historia digna de película, en realidad, de dos: Prefontaine, protagonizada por Jared Leto, y Without Limits, con Donald Sutherland como Bill Bowerman.

Su estética está asociada a los años setenta, una época en la que los corredores vivían en permanente conflicto con los organismos oficiales. La actitud de Prefontaine, combativa y contestataria frente a las injusticias, es tan recordada como su rendimiento en pista, donde llegó a ostentar todos los récords estadounidenses entre los 2.000 y los 10.000 metros.
Fue el primer gran corredor en utilizar Nike, protagonizando además una maniobra pionera para esquivar los controles que impedían a los atletas cobrar por participar en eventos. Y, por supuesto, fue el motivo por el que muchos corredores empezaron a fijarse en el swoosh.
Su muerte, con apenas 24 años, amplificó su leyenda y fijó para siempre su imagen: bigote, melena al viento y actitud indomable.
Dave Wottle
Los inicios de Dave Wottle en el atletismo fueron poco prometedores. Comenzó a correr porque el resto de los deportes se le daban mal. En sus primeros entrenamientos, su entrenador lo envió “donde mandaba a todos los corredores sin talento: a correr fondo”.
En 1971, cuando Wottle ya era plusmarquista de los 800 metros, empezó a usar una gorra blanca de malla, similar a las que se utilizaban en el golf. Con ella compitió en distintas pruebas hasta llegar a los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972.

Wottle había programado su boda antes de los Juegos, lo que generó tensiones con el seleccionador nacional, nada menos que Bill Bowerman, fundador de Nike. Según Bowerman, Wottle había elegido una esposa en lugar de una medalla. En los entrenamientos previos a los Juegos, Wottle intentó demostrar que su matrimonio no había afectado a su rendimiento, pero acabó desarrollando una tendinitis que le obligó a guardar reposo.
Así llegó a la final olímpica, bajo la sospecha de que no tendría fuerzas para luchar por las medallas. Renqueante, pero con su gorra blanca, se quedó en los últimos puestos, descolgado a unos diez metros, lo que parecía dar la razón a Bowerman. Sin embargo, a falta de una vuelta comenzó a remontar hasta lograr una de las victorias más cinematográficas de la década, hoy todavía se utiliza en LinkedIn como ejemplo de alguien que nunca se rinde.
Aquella gorra de golf, por suerte, no se convirtió en tendencia, pero sí en un símbolo de resistencia.
Fred Lebow
Probablemente el peor corredor de esta lista, con una mejor marca personal de 3 horas y 42 minutos en maratón. Sin embargo, Fred Lebow fue el responsable de convertir el New York City Marathon en un evento global. Desde sus modestos inicios en 1970, cuando solo 55 corredores terminaron la prueba, hasta los más de 60.000 actuales.
La imagen de Lebow se mantuvo inalterable durante décadas: una gorra que hoy llamaríamos “de ciclista” y un chándal, normalmente de la marca que patrocinaba ese año “su” maratón. Corrió su última maratón en 1992, cuando ya sabía que un tumor cerebral amenazaba su vida. Por supuesto, con gorra de ciclista.


Esa misma gorra aparece también en su estatua de Central Park, que cada año se traslada hasta la línea de meta para que Lebow pueda seguir viendo pasar su carrera.
Grete Waitz
Grete Waitz triunfó precisamente en el maratón de Nueva York, donde ganó en nueve ediciones entre 1978 y 1988. Uno de sus momentos más recordados, sin embargo, llegó en 1992, cuando acompañó a Fred Lebow en su última maratón.

Salvo alguna carrera puntual en la que probó con mangas largas o maillots integrales, el recorrido estilístico de Waitz no tiene elementos especialmente llamativos, algo que sí ocurría con Ingrid Kristiansen, conocida por correr con guantes. Aun así, fue Waitz la elegida por adidas para convertirse en la primera corredora con una zapatilla que llevaba su nombre, una versión desarrollada a partir de la adidas Atlanta con la que había competido anteriormente.
Eliud Kipchoge
Llegó al fondo cuando la imagen del corredor ya estaba definida: pantalón corto y camiseta de tirantes. Así fue hasta 2017, cuando Kipchoge se convirtió en el protagonista absoluto de Breaking2, el proyecto de Nike para correr los 42.195 metros en menos de dos horas.
Entre todas las innovaciones desarrolladas para la ocasión, las que más impacto tuvieron fueron las zapatillas Zoom Vaporfly Elite. Pero hubo otro cambio, a medio camino entre lo estilístico y lo funcional: las mallas cortas. Un elemento habitual entre velocistas, pero prácticamente inexistente en pruebas de fondo y mucho menos en maratón.


Desde entonces, nos hemos acostumbrado a ver a Kipchoge, y a muchos otros maratonianos, corriendo con mallas. En su última prueba competitiva, además, utilizó una nueva camiseta de manga larga desarrollada por Nike ACG y creada con Radical AirFlow, un sistema pensado para mantener el cuerpo a la temperatura adecuada.