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La iguana Edith es el elemento menos conocido de un elitista grupo en el que también están Michael Jordan, LeBron James o Rafa Nadal. Aunque carece de las habilidades atléticas de éstos, la iguana Edith del zoológico de Sedgwick County consiguió que un equipo completo de diseñadores de Nike trabajara en un artículo específico para ella. La historia comenzó como una de las anécdotas más representativas de la aproximación al producto de Nike ACG. Aunque para ser una anécdota, tiene que ser contada.
La Iguana Jamaicana (Cyclura Collei) se consideraba una especie extinguida desde 1948, pero la aparición de algunos restos en Hellshire Hills removió algo el interior de los investigadores de anfibios, en el hipotético caso de que los estudiosos de animales de sangre fría tengan sangre caliente.
El que durante mucho tiempo fue el animal de mayor tamaño originario de Jamaica había perdido gradualmente importancia debido a la introducción de especies invasoras como la mangosta de Java, con las que se pretendía controlar el número de ratas. En una historia que se ha venido repitiendo en distintos territorios y con distintas especies, las mangostas llegaron a Jamaica sin una definición exacta de sus funciones en la isla y descubrieron que preferían los huevos de aves e iguanas, lo que llevó casi hasta su extinción mientras las ratas se multiplicaban en un mundo sin depredadores y con barra libre.

En 1970 se encontraron los restos de una Iguana Jamaicana, por lo que a pesar de ser considerada oficialmente extinguida, aun quedaban esperanzas de encontrar algunos ejemplares. Y así fue en 1990. La sorpresa del primer momento se convirtió pronto en responsabilidad por mantener los que podían ser los últimos individuos de una especie. Se creó un proyecto para que las crías pudieran evolucionar en cautividad hasta tener el tamaño adecuado con el que serían devueltas a su lugar de origen.
El Sedgwick County Zoo de Wichita en Kansas fue el responsable de la creación de un ambiente en el que las iguanas Jamaicanas recién nacidas pudieran desarrollarse. Durante la década de los noventa se trabajó en un servicio de monitorización para controlar sus movimientos en un ambiente salvaje. Un radiotransmisor colocado en seis iguanas debía servir para conocer su ubicación y evolución, pero si el mercado de chalecos para transmisores suele ser reducido, el de chalecos para transmisores de iguanas era inexistente.

En 1999 Damon Clegg era Director Creativo de Footwear para ACG y recibió un curioso encargo desde el departamento de comunicación de la marca, ya acostumbrada a encargos extraños: debía diseñar y producir chalecos para las iguanas jamaicanas. Karen Graham, la herpetóloga al cargo de la misión, había descubierto una línea de Nike que prometía funcionar en todas las condiciones y pensó que sus iguanas serían unas excelentes probadoras de producto. Nike podría haber analizado la posibilidad de adaptación del producto a otros departamentos (nula), su potencial mercado (un puñado de iguanas de una especie a punto de desaparecer) y el impacto en el consumidor (complicado, dadas las pobres capacidades de comunicación de las iguanas). Pero simplemente dijo sí.

Clegg, acostumbrado a las exigencias de los deportistas, aún recuerda el proceso que le llevó a diseñar chalecos transmisores para iguanas jamaicanas. Como puede esperarse, había ciertas diferencias con los deportistas con los que solía trabajar, las iguanas necesitaban una protección extra porque pasaban mucho tiempo en contacto con rocas y el tejido debía funcionar tanto en seco como en mojado. Tampoco podían esperar que las iguanas lavaran sus prendas después de cada uso como hacían la mayoría de sus deportistas. Debían funcionar como una segunda piel, con una zona resistente a la abrasión en el vientre y otra zona expandible, además de un pequeño bolsillo para el transmisor. Las iguanas se situaban tan cerca del suelo que el producto final debía parecerse más a una zapatilla que a una prenda para humanos.
Un pequeño grupo dentro de ACG desarrolló el proyecto casi en silencio mientras a unos metros se diseñaban las zapatillas para los grandes deportistas. Entre las seis rondas de prototipos, el color se convirtió en un quebradero de cabeza, los tonos brillantes habituales en Nike ACG provocaban efectos inesperados en las iguanas.

El proyecto se mantuvo en secreto hasta que las iguanas comenzaron a probar los chalecos en su hábitat natural. Incluso después, una idea tan extraña y una ejecución tan precisa apenas tuvo repercusión, más allá de unos agradecimientos en las publicaciones científicas para herpetólogos, posiblemente el último lugar en el que esperas que citen a Nike. Ni los visitantes del zoo de Wichita pudieron ver a las iguanas vestidas con aquellos chalecos. Escondidizas y temerosas, las pruebas se desarrollaban fuera de vistas ajenas. Creado en una época predigital, apenas quedan imágenes de uno de los experimentos más extraños de la historia de Nike.
Hoy las Iguanas Cyclura Collei siguen en peligro crítico de extinción pero ya pueden verse en su habitat natural. Para verlas vestidas de ACG tenemos que utilizar la inteligencia artificial.

Según recuerda Damon Clegg, ninguna de las innovaciones desarrolladas para las iguanas pudo ser incorporada a otros proyectos de Nike ACG. Sin intención de crear nuevos productos a partir de ahí, la historia de las iguanas salvadas gracias a ACG quedó como una historia real y oculta en un mundo en el que la mayoría de relatos juegan con la falsedad y la visibilidad extrema. Quizás por eso la historia de las iguanas vestidas de ACG siga teniendo hoy su encanto.