Los caminos de la moda, cuando van de la mano de cambios sociodemográficos, son en muchas ocasiones vasos fluctuantes en dos direcciones (arriba-abajo, izquierda-derecha).
Por eso, mientras Sucesión pone de manifiesto la vuelta del quiet luxury, otro proceso se produce en la dirección contraria: el desarrollo del golf, y otros deportes tradicionalmente relacionados con cierto elitismo o lujo (como puede ser el tenis), se están progresivamente estableciendo como movimiento contracultural. Al tiempo que nuevas generaciones y clases se acercan a este deporte, lo mismo se produce en su impacto en la moda contemporánea.

Hay un aspecto que es complejo de disociar: el golf es un deporte, o una práctica, poco accesible y económico de asumir. Y así ha sido desde sus inicios. Razón por la cual las marcas que han ido apareciendo al albor de este mundo han estado también situadas en el espectro alto de la moda, tanto hablemos de firmas clásicas como Ralph Lauren, como marcas relativamente contemporáneas como Peter Millar o más técnicas como Callaway. A esto sumémosle que la práctica del golf ha llevado adjunto también una serie de códigos estilísticos y estéticos (en ocasiones oficiales, en otras oficiosas) con lo cual la relación entre moda y golf ha sido siempre una constante.
Aunque el golf había experimentado un bajón post Tiger Woods, la pandemia de la COVID-19 ha supuesto su resurgir, tanto en número de participantes, como incremento de facturación de las marcas fabricantes de material, como la llegada de nuevas generaciones, así como la irrupción de perfiles, personalidades, grupos sociales y minorías que están haciendo suyo un espacio que no les correspondería por tradición. Todo esto supone un caldo de cultivo cuyo resultado es un cambio de paradigma en el que el golf territorio a explorar para la moda.
Por trazar un paralelismo, con el golf sucede un fenómeno similar al que experimentó el tenis, que pasó de ser un deporte exclusivo a dominar la inspiración estética, pudiendo trazar una línea recta desde Lacoste en la década de 1930 hasta Casablanca en la actualidad, o la aparición de marcas inspiradas exclusivamente en este universo como puede ser Alex Eagle Sporting Club.

El proceso por el cual el embudo que sometía al golf se ha ido ensanchando ha sido un camino de pequeños pasos e hitos, en el cual uno lleva al siguiente en una especie de círculo virtuoso. La aparición del ya mencionado Woods abre la puerta de los campos de golf a un deporte hasta el momento mayoritariamente blanco. Estrellas del deporte como Michael Jordan (o posteriormente LeBron James o JR Smith) abrazan esta práctica y la abren a audiencias mayoritarias. Esto hace que marcas como Jordan Brand comienzan a intentar capitalizarla y surjan, por ejemplo, versiones de la silueta Jordan adaptadas a este deporte, con lo que el ojo y el apetitivo del streetwear y los hypebeast empieza a ponerse también en este universo. Figuras en los márgenes de la fama, pero con notoriedad y ascendencia, como pueden ser rappers como ScHoolboy Q se enamoran de este deporte y comienzan a actuar como embajadores y advocates. El deporte, así mismo, también se ha ido abriendo cada vez más a la aparición de deportistas mujeres, con lo cual el scope se sigue ensanchando. Y así sucesivamente.
Marcas como Malbon, Manors o Metalwood son también las responsables del cambio de paradigma y percepción, añadiendo el componente de diseño y estética, pero ligado con las tendencias actuales. Responsables de modernizar la imagen de este deporte y conectarlo con audiencias jóvenes y fashionistas (por ejemplo, las gorras de Metalwood son uno de los accesorios sempiternos de una de las voces más importantes en cuanto a generación de opinión de la moda masculina en la última década, como es Lawrence Schlossman del podcast Throwing Fits), también están actuando como generadores de comunidad alrededor del golf (precisamente Hypebeast dedicó un reportaje al impacto de Metalwood en la creación de una corriente contracultural en Los Ángeles alrededor del golf).

Además, es importante también destacar el papel del lujo en sí mismo. Por ejemplo, los acercamientos de marcas como Gucci o Dior a la moda urbana, intentando capitalizar este mercado, al mismo tiempo que ofrecen colecciones y productos por y para el golf, actúa como puente entre estas dos realidades. Así, tampoco podemos dejar de lado la labor de firmas como Sporty & Rich que han generado idearios e imaginarios, especialmente en plataformas como Instagram, en los que el lujo y un estilo de vida hedonista se han ligado con la moda urbana, lo cual ha ayudado también a la aceptación del golf.
Quizás causa, quizás consecuencia, la aparición de publicaciones como Hypegolf -el vertical de Hypebeast especializado en información relacionada con este universo, y que celebró una pop up en Nueva York bautizada como Clubhouse- o la edición publicada en Corea del Sur de GQ golf, ayuda a dotar de contenido y a generar un marco en el que se teoriza, reflexiona sobre el golf, y en definitiva lo legitima, anclándose en el universo de la moda y las tendencias. Y otros fenómenos como el documental de Netflix, Full Swing, generan el fenómeno fan necesario, acercando a grandes audiencias a los atletas más destacados, convirtiéndoles en superestrellas.

Todo esto, y más, lleva hasta el punto actual en el que personajes como Dj Khaled o Travis Scott pueden ser vistos jugando al golf; NOCTA de Drake para Nike cuenta con una línea de golf; marcas como Eastside Golf colaboran con la Jordan Brand; Mr. Porter lanza una línea también para golf bautizada como Mr P; fotógrafos como Christian Hafer otorgan nuevas sensibilidades mediante su trabajo gráfico y no paran de aparecer nuevas marcas que impactan, no sólo el golf, si no la moda en general.