El fotógrafo barcelonés Aleix Barau entiende la fotografía de calle como un proceso de documentación de las calles. Y en esas calles, Lacoste ha creado su propio lenguaje. Hablamos con Aleix de cómo retrata el coleccionismo, los símbolos y las culturas.
Aleix Barau trabaja con una cámara, pero calificarlo como fotógrafo sería una definición extremadamente simplista. Su trabaja encaja más en las ideas de un archivista de la cultura contemporánea.


Su trabajo captura imágenes y documenta las historias, estéticas y conexiones que definen todo lo que ocurre en las calles. Con un ojo entrenado para el detalle y una sensibilidad única hacia la autenticidad, Aleix ha construido una identidad propia dentro del mundo de la fotografía y el coleccionismo.
Uno de sus mayores vínculos estéticos y emocionales está con Lacoste, una marca que explica como pocas la trascendencia de los objetos como símbolo de estilo y pertenencia. Su colección de prendas y su conocimiento sobre la marca le han llevado a explorar la intersección entre la vestimenta y las escenas urbanas, desde las canchas de tenis hasta el hip-hop, pasando la cultura casual. En esta entrevista, hablamos sobre su pasión por Lacoste, su visión de la fotografía y el papel de las marcas en la construcción de identidad.


En tu fotografía hay calle. ¿Cómo equilibras lo espontáneo y lo planificado en tus sesiones de fotos?
Depende mucho del tipo de fotos que esté tomando. Si es un proyecto personal, siempre intento dar espacio a lo espontáneo dentro de situaciones recreadas, con los modelos posicionados. En cambio, cuando se trata de trabajos más comerciales, es un equilibrio entre esa naturalidad y las necesidades creativas de las marcas que me contratan. Por mucho que busquen esa esencia “de calle” para algo comercial, siempre se suaviza un poco, ya sea ajustando las localizaciones, el casting o las poses al momento de disparar.


En un mundo donde la fotografía de moda tiende a la perfección, tu trabajo destaca por su crudeza y naturalidad. ¿Es una decisión consciente o algo que te sale de manera orgánica?
Aunque trabajo en moda, mi enfoque es documental. No necesito un set perfecto ni una iluminación impecable porque mostrar las cosas en su estado más crudo es lo que da ese look & feel documental. También lo consigo a través del casting y las prendas que utilizo, que muchas veces provienen de mi propio archivo o del de mi amigo Nacho, de BckrowVintage.
Has mencionado que prefieres fotografiar a amigos en situaciones reales. ¿Qué aporta esto a tu trabajo en comparación con los shootings más tradicionales?
Justamente, eso es lo que mencionaba sobre el casting. Ahora mismo, las marcas me buscan para generar imágenes que se sientan reales en cuanto a situación y contexto. Me he encontrado con trabajos comerciales donde intentan recrear esa autenticidad, pero cuando el casting no está compuesto por personas con una conexión real, es mucho más difícil lograr imágenes honestas.
Por eso, siempre que puedo, selecciono yo mismo el casting, eligiendo personas de mi entorno. A veces no son amigos entre sí, pero al venir de mundos parecidos, sé que encajarán. Creo que esa autenticidad se percibe en la foto, desde el estilismo hasta la interacción entre los modelos.
Siempre hago una búsqueda de talentos genuinos: gente que realmente vestiría esa ropa fuera del shoot o que, en su día a día, estaría sentada en un banco del barrio con sus amigos.
Ahora las subculturas no tienen tiempo de explicar sus procesos. ¿Sientes que con tu fotografía estás documentando algo que puede desaparecer en cualquier momento?
Totalmente.
Tomo fotos para dejar constancia de lo que está ocurriendo. Mi mayor logro sería que, dentro de 50 años, la gente pueda ver el lifestyle actual de la forma más real posible. Hoy todo es muy rápido y volátil. Quizás por eso disparo en film, para construir un archivo fotográfico en un medio tangible.


En tus fotos se percibe una fuerte conexión con la estética de los 90 y los 2000. ¿Es un homenaje, una reinterpretación o simplemente una extensión natural de tu visión?
La nostalgia es la clave de todo mi imaginario: recrear situaciones que viví o vi en mi preadolescencia y plasmar prendas que tuve o soñé tener. La fotografía es mi medio para expresar esa nostalgia, que también conservo en mi archivo de ropa, especialmente zapatillas.
Para retratar esos códigos, ¿crees que es imprescindible conocer su significado?
Más que conocer el significado, creo que lo imprescindible es ser sincero y mostrar tus vivencias a través del arte. Al final, lo que has vivido es único y solo tú puedes transmitirlo de esa manera. Estas experiencias pueden resonar en otras personas, despertando nostalgia o desbloqueando recuerdos en ellas.
¿Recuerdas el momento exacto en el que Lacoste pasó de ser una marca más a convertirse en una obsesión para ti?
Siempre vi mucho Lacoste desde pequeño, ya que es la marca fetiche de mi padre. Llevo polos L1212 desde hace muchos años. En el instituto, era casi un uniforme: un chándal de la época de Andy Roddick combinado con unas TN o unas Shox.
Pero no fue hasta que empecé a ganar algo de dinero y a descubrir tiendas vintage donde podía encontrar las prendas que siempre había querido, que comenzó realmente mi colección.
¿Qué representa Lacoste en tu vida? ¿Es solo ropa o hay algo más detrás?
Toda la ropa que tengo en mi armario es más que ropa: son recuerdos que me transportan a momentos específicos.
¿Crees que la fidelidad a una marca puede convertirse en un lenguaje de identidad dentro de ciertos círculos sociales?
Siempre lo ha sido, aunque muchas marcas lo rechazaron en su momento. Durante años, marcas tradicionalmente asociadas a clases más pudientes fueron adoptadas en los barrios, algo que antes no estaba bien visto.
Hoy todo ha cambiado: las marcas han entendido el valor de estas subculturas y están explotando al máximo la imagen de las distintas tribus urbanas y colectivos. Cada vez veo más referencias visuales que buscan captar a estos grupos auténticos para potenciar un producto.


