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Nunca como ahora en la industria de la moda ha sido tan fácil competir por los precios. Por otro lado, los publicistas saben que no pueden hacerlo tampoco basándose sólamente en que el producto -pongamos como ejemplo una gabardina- está hecha a mano. En la marca sueca Stutterheim lo saben muy bien, y ahora vais a ver por qué.
A todos nos encanta que detrás de cada objeto se esconda una buena historia, ¿verdad? Cuando compramos algo caro lo hacemos convencidos y contentos si sabemos que hay unos motivos y que ese objeto simboliza algo más que el simple prestigio de llevar bordada una marca conocida. Pues bien: Stutterheim tiene historia de sobra con la que cargar de significado cada una de sus etiquetas.
El fundador de la marca, Alexander Stutterheim tuvo un gran abuelo. Además de pescador era el dueño de un teatro en Estocolmo, así que como os podéis imaginar, no fue un hombre con aspiraciones simples y llanas. De hecho, le gustaba pescar cuando las condiciones climatológicas eran más adversas y lo hacía con un gran impermeable negro.
Cuando su abuelo falleció, Alexander Stutterheim conservó y se aferró a ese impermeable como su principal recuerdo. Para él simbolizaba tanto usarlo y le llenaba de tanta nostalgia que buscó otro igual que comprarse pero para su decepción… no lo pudo encontrar.
Así que buscando por un lado la misma calidad y por otro honrar la memoria de su abuelo se propuso crear él mismo un chubasquero igual. Tras enseñar los bocetos a sus allegados (y recibir sus elogios) se dio cuenta de que sus aspiraciones no tenían por qué terminar ahí…
Ahora ya sabéis cuál fue el detonante de los esfuerzos de Stutterheim. Y como apoyo en esta carrera han tenido mucho que ver las creencias y dichos populares del lugar, veamos por qué. Detrás de la historia que os acabamos de contar sobre el fundador de la marca y su abuelo hay un concepto a mayores que ayuda y que la propia empresa ha enarbolado como bandera, que no es otro que el de la melancolía.
Todo el mundo sabe que lo duros que son los inviernos escandinavos por las pocas horas de sol que viven y la mala reputación que tiene el tiempo en general. Stutterheim adopta esa mala fama dándole la vuelta y aprovechando el carácter agridulce de la melancolía. Una cosa es la depresión y la tristeza y otra la melancolía, que siempre tiene un punto nostálgico y poético. De alguna manera, los abrigos y gabardinas para la lluvia funcionan de forma simbólica como una metáfora que recuerda a la lluvia con un sentido melancólico y no sólo triste.
Si Stutterheim hubiese querido vender chubasqueros y paraguas basándose sólamente en su practicidad lo hubiera podido hacer a la perfección con un eslógan como “Nosotros te mantendremos seco, ¡te lo garantizamos!”. Así, sin más. ¿Pero qué valor añadido tiene eso? Sería como coger una buena lona impermeable, hacerle agujeros para meter manos y piernas y ya. Los costes serían mucho más bajos para la empresa, pero… eso no tiene nada que ver con la pasión que tienen las prendas de vestir hechas a mano ni por supuesto con la idea de vender no una prenda de vestir, sino nostalgia.
Elegir un chubasquero puede ser divertido de elegir gracias a los diseños y colores de la lona con la que están hechos, resultando al final discretos y prácticos. Y buscando esa dualidad Stutterheim ha conseguido mantener el recuerdo de su querido abuelo siendo fiel a su espíritu sin dejarse llevar por las florituras. Descubre todo sobre Stutterheim y sus prendas únicas en nuestra tienda de Madrid.