En un momento en el que las expectativas se tiñen de rosa, San Valentín se transforma en un sueño distorsionado: cenas etéreas bajo cielos de corazones, picnics que se disuelven entre nubes de azúcar y puentes repletos de candados en busca de la eternidad.


Lugares donde cada rincón es una fantasía y cada gesto, una exageración y en el que entrar sin compañía es una tarea para los más atrevidos.



Para algunos, son perfectos; para otros, una auténtica pesadilla edulcorada. Unas coordenadas creadas únicamente para disfrutar con tu amor… o para vivirlo con una buena dosis de sarcasmo.


